Inti Raymi 2026
Querida comunidad educativa:
Hace cientos de años, cuando aún no existían las ciudades que hoy conocemos, los pueblos de los Andes observaban el cielo con atención. Miraban el recorrido del sol, el paso de las estaciones y los ciclos de la naturaleza.
Comprendían que la vida no dependía únicamente del esfuerzo humano, sino también de dones que recibían cada día: la luz, la lluvia, la tierra fértil y el tiempo.
Por eso, en esta época del año, hacían una pausa. Una pausa para agradecer.
Y quizá esa sea una de las enseñanzas más valiosas que podemos rescatar hoy.
Vivimos en una sociedad que corre constantemente. Nos preocupamos por lo que falta, por lo que viene mañana, por los desafíos del futuro. Pero pocas veces nos detenemos a agradecer lo que ya tenemos.
Agradecer por la vida.
Agradecer por nuestras familias.
Agradecer por nuestros maestros y estudiantes.
Agradecer por la amistad, por la salud, por el trabajo y por la oportunidad de compartir como comunidad.
Hoy no estamos aquí para regresar al pasado ni para adoptar las creencias de otra época. Estamos aquí para reconocer que nuestros antepasados nos dejaron valores que siguen siendo actuales.
Entre ellos, la gratitud.
Y junto a ella, la fraternidad.
Porque más allá de nuestras diferencias, de nuestras tradiciones familiares, de nuestras convicciones religiosas o culturales, todos compartimos algo fundamental: somos una comunidad humana que crece cuando aprende a convivir con respeto.
Nuestra identidad ecuatoriana es el resultado de muchos encuentros. En ella viven las raíces indígenas de los Andes, la herencia hispánica, la tradición cristiana y las múltiples expresiones culturales que han enriquecido nuestra historia.
No somos únicamente una de esas raíces.
Somos el árbol completo.
Y un árbol fuerte no reniega de ninguna de sus raíces; las reconoce, las comprende y aprende de ellas.
Que esta celebración del Inti Raymi sea entonces una oportunidad para renovar nuestro compromiso con la gratitud, con la fraternidad y con el respeto mutuo.
Que aprendamos a mirar nuestra historia con serenidad, reconociendo lo bueno que cada generación nos ha legado.
Y que sigamos construyendo juntos una comunidad donde la diversidad no nos divida, sino que nos permita comprendernos mejor.
Muchas gracias.
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